Ser discípulo, ser luz, ser fruto

por Mons. Javier Vilanova, obispo auxiliar de Barcelona · VII aniversario, parroquia de San Vicente de Sarrià (Barcelona)

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Misa del VII aniversario

Queridos hermanos y hermanas:

En el momento de la homilía se nos invita a ser eco de la palabra de Dios y se nos invita también a vincular nuestra vida a esta. Y hoy especialmente porque hacemos memoria de Marcos. Creo sinceramente que deberíais ser vosotros los que lo compartieras con aquellos que intentamos conocerle más y seguirle. ¿Qué es lo que resuena hoy en nuestro corazón en relación a lo que la Palabra ha dicho, hoy y en lo que ha hecho esta palabra con la vida de Marcos?

Si nos fijamos bien, es providencial cómo la palabra de Dios da una respuesta a nuestra vida cristiana. Hoy en el salmo cantábamos: «es bueno alabar al Señor». Lo primero que sale en todos nosotros es alabar al Señor, manifestarle la alegría, la gratitud. ¡No puede ser de otra manera! Un cristiano tiene un deber y una obligación de gratitud de alabanza, de alegría ante el Señor. ¿Por qué? Por las maravillas que hace en nosotros y por las maravillas que hace en cada persona. Hoy, pues, este salmo redunda en importancia al hacerse eco de las maravillas que Dios ha hecho en la vida de Marcos. Es por esto que hoy estamos aquí para alabar al Señor.

Lógicamente, nuestro pensamiento hace una mirada hacia el pasado, nos evoca un recuerdo. Pero es un recuerdo para no olvidar las maravillas que Dios ha realizado en la vida de uno de sus hijos, en la vida de Marcos.

En el evangelio podríamos ver tres elementos y tres palabras que también pueden resonar mirando a Marcos. La primera palabra es la de trabajar por el discipulado: más que fijarme en el otro, más que juzgar al otro… Mírate a ti, mira cómo va tu vida de discipulado. ¡Ser discípulo! El discípulo, sin duda, se siente un privilegiado por estar con el Maestro y esto es lo que queremos nosotros en nuestra vida: estar con el Maestro. Qué ejemplo… Qué ejemplo nos ha dejado Marcos: su deseo no era otro que buscar esta presencia del Señor, esta intimidad con el Señor. En definitiva: tenía claro que tenía que crecer día a día en el discipulado y ser un fiel discípulo del Maestro, del Señor. Sin duda, en esta intimidad y en esta relación tan profunda de Marcos y el Señor, vemos cómo Cristo ha trabajado el corazón de Marcos. Vosotros también podéis evocar ahora tantas cosas que esto os permite ver cómo Dios lo fue ido modelando: aspectos de su vida y su forma de ser. Cristo ha trabajado en su vida; Cristo ha trabajado en su corazón.

La intimidad es un compartir, no solamente un beneficiarse… Y Marcos así lo hizo: pudo habitar en el corazón de Cristo. Y esto es lo más grande del discípulo: poder entrar en las entrañas del Señor. Lo más fuerte de los discípulos es que estaban con el Señor. Y algunos de estos discípulos, Pedro, Santiago y Juan en el Tabor y Getsemaní, tuvieron la suerte de estar íntimamente con el Señor. Marcos también habitaba en el corazón de Cristo. Y… ¿por qué? Sencillamente porque este deseo de estar tanto con el Señor era porque había gustado su presencia, porque había tenido una experiencia potente con Él y por esto solo lo deseaba a Él. Esta es la misión del discípulo: ¡vivir en intimidad, para que el Señor nos modele y para admirar este mar de bondad que es el corazón de Dios, el corazón de Cristo!

El evangelio nos dice que estamos destinados a ser luz. Y cuán importante es para un cristiano ser portador de la luz, de Cristo. Tenemos que ser como estas candelas que llevan al Señor. Vosotros que habéis visto tantas veces la mirada, el rostro y las palabras de Marcos. Y tal vez muchos habéis recibido su abrazo y habéis visto sus obras. Todo esto es, sin duda, resplandor de que Cristo habitaba en la vida de Marcos. Ser luz es dar lo que tenemos, lo que poseemos. Tenerlo todo para dárselo todo. Tener la luz para iluminar a los otros.

El tercer elemento del evangelio de hoy son los frutos: los frutos son lo que desea el Señor. La vid es del Señor y nosotros somos los humildes trabajadores y tenemos que trabajar para dar fruto. ¿Qué hace falta para poder dar fruto? Conrear y conrear la vida, trabajar y trabajar. Este es un deseo también de los miembros de Comunión y Liberación y todos los cristianos, obviamente. Debemos conrear la vida cristiana y cuando realmente se trabaja, podemos ver frutos. Y cuando hay frutos, en el corazón del fruto podemos observar verdaderamente su rostro. Muchas veces, aparentemente no vemos frutos. Nosotros vemos las cosas parcialmente, Dios las ve globalmente. Hay mucho más en el corazón que lo que vemos nosotros como fruto, porque tenemos una mirada limitada. Pero no hay duda de que una vida cristiana fructifica y en los frutos podemos ver el corazón.

Y, ¿qué frutos vemos en Marcos? Creo que no solo debemos remontarnos a estos 23 años que vivió, sino fijarnos también en estos siete años que han pasado.

Ser discípulo, ser luz, ser fruto: es lo que nos dice el Señor en el evangelio. ¡Y vemos que es posible hacerlo porque uno entre nosotros lo ha hecho!

La segunda lectura hablaba el apóstol de que la victoria ha superado a la muerte. La victoria del Señor resucitado ha vencido a la muerte. Por eso nosotros no hablamos de muerte, aunque sea un paso vital, sino que hablamos de la vida. Hablamos de un paso a disfrutar de la estancia en el cielo y de la presencia del Señor. ¡Esta es la victoria! Y este paso lo damos cuando uno está preparado: sin duda, en el último periodo de su vida, Marcos iba dando pasos de gigante. Se iba preparando y de qué manera para este paso definitivo. Es por esto que hoy hablamos de victoria, triunfo y meta… Y la meta es la vida.

Y por eso compartimos que Marcos vive con el que reina por toda la eternidad. Por esto, este reino ya no es de este mundo. El reinar es la santidad. Le pedimos al Señor que, por su bondad y generosidad, Marcos pueda disfrutar de esta vida con Él: de la vida del cielo, de la santidad. No solo deseamos que esté disfrutando de la gloria del Cielo – y esto nos da paz y fuerza- sino que también vemos a Marcos vivo como amigo de todos. No solo es amigo de sus amigos, sino también amigo nuestro. Y ahí esta visión que traspasa los lazos de sangre y amistad. Se trata de uno que disfruta ya de la vida con Dios y de la amistad con Él y que llega a tantos corazones. ¡Cuánta gente siente la presencia del Señor! ¡Cuánta gente estamos recibiendo la providencia y la ayuda de Marcos ante Dios!

Podemos pensar que la estancia de Marcos en el seminario -apenas diez días- fue una preparación inútil de camino al sacerdocio… Todo lo contario: nunca un camino de preparación fue tan rápido como el suyo. ¿Por qué? Porque el sacerdocio es estar con Dios y hablar al pueblo de Dios y a Dios del pueblo. ¿No creéis que Marcos es ahora este puente de comunicación entre Dios y nosotros? Sin duda, Marcos está viviendo este sacerdocio para siempre porque él también lo tenía muy claro. De hecho, lo decía esos primeros días: «Realmente, el Señor es muy celoso: me lo pide todo y lo desea todo de mí». Pero también era consciente de que Jesús se lo pedía todo porque se lo había concedido todo. Pide solamente a aquel que ha sido generoso. Y Dios lo fue con Marcos. Por eso Marcos intuyó que de quien tanto había recibido, tenía que volver a dárselo.

En esta visión sacerdotal de Marcos en la gloria del Cielo, nos evoca también pensar que esta Iglesia de Barcelona necesita también necesita ahora apóstoles, necesita de personas y jóvenes que se enamoren de Cristo y su Iglesia. ¡Esta pasión por Cristo este buscar en todo su presencia, como hacía Marcos, en una carta que he leído recientemente!

Pedimos la intercesión de los santos para que transmitan la belleza de Dios y su Iglesia.

Marcos tenía la ilusión del sacerdocio: manos que sanan, manos que iluminan, manos de Dios. Necesitamos sacerdotes, hombres que quieran dar la vida por el Señor.

(…)

Que tengamos la valentía de decirle que sí al Señor en lo que nos pida.

Los dos grandes amores que Marcos tenía en su corazón, mirando su vida: Jesús y María. Y cuando uno tiene estos amores no puedes exigirlos a otro, pero sí puedes contagiar este amor a los otros. Nosotros queremos contagiar este amor a la sociedad. Y, ¿cómo podemos contagiarlo? Viviendo de Cristo, viviendo de la eucaristía y depositando nuestra vida en las manos de María. Hay dos certezas muy claras en nuestro camino hacia el Cielo, de la mano de María: la certeza de que no caminamos solos. Los santos nos acompañan, Marcos también camina con nosotros.

Y con esta eucaristía le decimos al Señor: «aquí me tienes, quiero caminar hacia esta meta, el Cielo, tu gloria». Allí es donde te alabaremos por siempre en tu eternidad. Amén.

Comentario personal de Mons. Vilanova antes de la bendición final

Era el 2015, cuando aún era rector del seminario de Tortosa, un joven que acababa de entrar en el seminario me contaba que había llegado a mitad de curso, un joven que era especial. Y al cabo de pocos días, un domingo por la mañana saltó la noticia de la muerte de Marcos. Desde aquel momento, sin duda, en mi vida como sacerdote y cristiano y enamorado del Señor, nació un interés especial hacia Marcos. De hecho, en tantos momentos, en las pláticas, acompañamiento de gente, dirección espiritual, en retiros… He sacado muchas veces el testimonio de Marcos. Y puedo transmitiros lo que muchos ya sabéis: que gente que no lo conocía, al ver lo que vivía y lo que decía y cómo era los ha cautivado. Es más, en muchos jóvenes que necesitaban luz en su vida, el testimonio de Marcos, sin duda, los ha marcado y les ha dado el norte a seguir. Me emociona pensar que el Señor sobrepasa siempre lo que le pedimos. Cuando conocí su testimonio, pedí al Señor poder conocerlo un poco más. Para mí también, con mi pobreza y pequeñez, para poder vivir mi vida como él la supo vivir: enamorado del Señor y siguiéndole con todo el corazón. Y el Señor nos supera porque para mí es un honor estar hoy aquí participando de la eucaristía pidiendo por Marcos. El obispo Toni, nuestro hermano, y un padre para mí, que tenía que estar hoy acompañándonos en esta eucaristía. Y también me emociona pensar que mañana se ordenan en Barcelona cinco sacerdotes… Y, en principio, deberían haber sido seis, porque uno de ellos era Marcos, porque le tocaba este año la ordenación. Pero reitero lo que he dicho en la homilía: el sacerdocio él lo preparó de forma exprés, directamente para estar con el Señor. Y como nos conoce, intercede por nosotros. Y como conoce el corazón de Dios, nos ayuda con tantas gracias. Es por eso que también personalmente para mí es un gozo este regalo que el Señor me hace. Ya he sentido desde lo que conocí y supe de él, me sentí amigo de Marcos y admirado por su vida. Y también en esta Asociación Amigos de Marcos Pou, me daría el gusto de ser uno más de estos amigos, que ha sido y lo será más para nosotros.

Gracias de corazón.