Marcos

Marcos Pou Gallo (1991-2015)

Un joven de Barcelona que estudió Física, se enamoró de Cristo y murió a los 23 años, diez días después de entrar en el Seminario. Esta es su historia.

Infancia entre Barcelona y Los Ángeles

Marcos Pou Gallo nació el 20 de septiembre de 1991 en Barcelona, en una familia católica. Fue el segundo de seis hermanos.

En 1993 se trasladó con los suyos a Los Ángeles (Estados Unidos) por el trabajo de su padre. Vivieron cinco años en California y en 1998 volvieron a Barcelona.

Marcos de niño con sus padres y su hermano, en un camino de montaña
Marcos de niño

La fe que creció en el colegio

En el colegio, su fe creció de la mano de un grupo de profesores del movimiento Comunión y Liberación (CL). Le marcaron su pasión por la vida, cómo explicaban sus asignaturas, el trato humano y la amistad que había entre ellos.

Marcos se implicó en esa amistad: salidas de estudio, fines de semana, la catequesis semanal («Escuela de Comunidad»), los ejercicios espirituales y las convivencias de verano. De CL le llamó la atención la insistencia en el sentido religioso: el corazón del hombre desea la bondad, la belleza y la verdad, y solo Cristo responde a ese deseo. Descubrió que la fe es razonable y tiene que ver con todo. Le fascinaba poder vivir, 2.000 años después, la misma experiencia que los apóstoles con Jesús de Nazaret.

Marcos Pou de niño, con forro polar azul, posando ante una cala rodeada de montañas rocosas
Marcos de niño

Física, amigos y misión

Maravillado por las estrellas y el universo, en los que veía las huellas del Creador, estudió Física en la Universidad de Barcelona. Allí formó parte de «Joves pel coneixement», un grupo de amigos de CL que organizaba conferencias con profesores y repartía octavillas sobre temas de actualidad para dialogar con sus compañeros.

Calcuta y el camino hacia el sacerdocio

En el verano de 2011 viajó a Calcuta (India) con un tío sacerdote y un grupo de amigos para colaborar como voluntario con las Misioneras de la Caridad. A la vuelta participó en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. Ese año empezó a preguntarse si Dios lo llamaba al sacerdocio.

Durante casi cuatro años fue responsable de los universitarios de CL en Barcelona. Formó parte del consejo pastoral de la parroquia de Santa Maria del Remei y acompañó a decenas de jóvenes. Cada viernes, al salir de clase, iba a la adoración eucarística del Templo Expiatorio del Sagrado Corazón, en el Tibidabo, e invitaba a sus amigos. Cada semana ayudaba en el comedor de las Misioneras de la Caridad en el Raval.

Marcos Pou, con gorro de lana, subido a una escalera mira por el ocular de un gran telescopio en un observatorio
Marcos en un observatorio
Marcos Pou toca la guitarra y canta sentado en una cama, rodeado de residentes y voluntarios en una sala de misión en la India
En la India, verano de 2011

Febrero de 2015

El 11 de febrero de 2015, día de la Virgen de Lourdes, Marcos ingresó en el Seminario Conciliar de Barcelona. Diez días después, en la noche del 21 de febrero, murió en un accidente de tráfico. Tenía 23 años.

Entrada en el Seminario: vértigo y confianza plena, soy Tuyo, Cristo. Que este sea un camino de santidad. ¡Feliz de darte la vida! Domina más esto que lo que no apetece, da pereza o parece ser una futura fatiga. A ti me encomiendo, María. Virgen de Lourdes, ¡hazme fiel! ¡Hazme santo!

Marcos Pou, 11 de febrero de 2015

Amigos de toda España y de otros países llegaron enseguida desde Castellón, Valencia, Madrid, Italia, Francia e Inglaterra. El 22 de febrero se veló su cuerpo en la capilla de los mártires del Seminario, y el cardenal Lluís Martínez Sistach presidió una misa. El 23 de febrero, su funeral en la parroquia de la Bonanova reunió a más de 2.000 personas.

Marcos Pou sentado en un banco del interior de una iglesia, de perfil y con la mirada alzada
Marcos en una iglesia

Lo que sigue hoy

Quienes conocieron a Marcos coinciden en lo que más lo caracterizaba: la pasión por Cristo, al que reconocía como el centro de todo lo que era y hacía, y un deseo misionero que lo llevaba a querer a cada persona que se cruzaba en su camino. Quien estaba con él se sabía acogido y querido.

Su vida sigue tocando a muchas personas que no lo conocieron. Al conocer su historia, desean vivir la fe con más madurez o se despierta en ellas el deseo de conocer a Jesús.

Es algo extraño hablar de «mi historia» puesto que lo único interesante en ella, lo único que la salva de ser una historia aburrida y plana es lo que Cristo ha hecho en mi vida.

Marcos Pou, Mi historia