¿Qué estamos haciendo aquí?

por Mons. Antoni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona · VI aniversario, basílica de San José Oriol (Barcelona)

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Misa del VI aniversario

Antes, en el saludo inicial, me he dejado un detalle. Entre los mosenes que nos acompañan, está también el director espiritual del Seminario (Mn. Pere Montagut i Piquet), y a mí me parece significativo. No sé si conocía a Marcos, porque aún no estaba de director espiritual, pero pienso que es muy interesante esta vinculación con el seminario y también la presencia de algunos seminaristas, que conocisteis a Marcos.

Mirad, permitidme que me haga una pregunta y os la haga también a vosotros. ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿por qué estamos aquí? ¿Cuál es el motivo que nos ha traído aquí hoy? Ya han pasado seis años. No venimos aquí solo por un recuerdo, ¡que ya es un motivo interesante! Recordar es volver a pasar por el corazón las personas significativas en nuestra vida y que la han marcado. Pero todos los que estamos aquí, seis años después de su muerte, ¿estamos solo aquí porque le recordamos? ¿Es este el único motivo? Yo creo que no… ¡Yo creo que no! Por esto os sugiero que al menos esta pregunta esté en el corazón de los que estemos aquí.

En realidad, yo también me estaba preguntando qué hago yo aquí hoy y por qué me habéis invitado.

Yo no conocí a Marcos personalmente, porque solo hace tres años que estoy aquí, en Barcelona [antes de la ordenación episcopal era sacerdote diocesano en Mallorca]. La primera noticia que tuve de Marcos fue en un retiro, poco después de su muerte. Un retiro en Mallorca, un retiro que organizó la comunidad de CL. Y mencionaron parte de la homilía del funeral de Marcos [pronunciada por Mn. Yago Gallo]. Me impresionó mucho. Yo la escuchaba en el retiro como párroco. Y al acabar el retiro, le dije al predicador: «esta homilía me impresiona. No conozco a este chico, pero me ha impresionado lo que decía el tío de Marcos». Me dijo: «¡tú lo conoces, es Yago!». Yo no sabía que hubiera pasado esto. Y hablé con Yago porque no conocía esto.

Me impresionó lo que se decía en aquel momento y después leí el libro [Mi historia] y me impresionó la historia y testimonio y una vida que buscaba al Señor y testimoniaba al Señor.

Después, ya estando en Barcelona me impresiona -y esto me conduce a plantearme esta pregunta, seis años después- ver a personas que nos hemos conocido y nos hemos encontrado y que en la conversación personal me habláis de Marcos, que fue decisivo el encuentro con él para vuestro encuentro con el Señor. Por eso, os preguntaba, «¿qué hacemos hoy aquí?». Es decir, qué es lo que vive, qué es lo que vivió Marcos y qué es lo que permite que hoy haya personas que le tengáis tan presente porque el encuentro con él, la comida con él, aquel mail con el fuera tan significativo… Creo que es un dato, creo que es algo de lo que debemos ser conscientes aquí hoy.

Yo creo que es dar gracias por lo que Marcos encontró en el Señor, por cómo vivió esta relación con el Señor y cómo el Señor se sirvió de él para llegar a tantas personas. Y creo que es un motivo muy importante para estar hoy aquí, para dar gracias al Señor y para recordar al Señor. Y para ofrecerle la eucaristía para decirle: «Señor, que [Marcos] esté contigo». Porque desde aquí también continúa intercediendo por nosotros.

Te invito a preguntarte esto: sobre todo el motivo, es decir, lo que él encontró en el Señor. Escuchando el evangelio de hoy, la vocación de Leví, os invito a preguntarle a Leví: «¿por qué te levantaste cuando el Señor te miró y te dijo ‘ven y sígueme’. ¿Qué te pasó?» Además, fijaos: se levanta, le sigue y le invita a su casa, organiza una comida con sus amigos -que son todos publicanos y pecadores como él-. No me digáis que esto no es muy de CL, ¿verdad? Sois de copas y licores… Pues sucedió así: Leví invita a sus amigos y monta una comida e invita al Señor. ¡Lo más interesante no es la comida sino el porqué! Qué has encontrado en esta persona, en este galileo que se ha acercado a tu mesa, tú que eres un cobrador de impuestos, un publicano para levantarte y decirle: «oye, ¡ven a mi casa. Es que no quiero que mis amigos se pierdan esto!». ¿Qué te ha pasado? Me imagino que esta sería parte de la conversación en casa y que los amigos le dirían: «Gracias, Leví, por invitarnos a comer con esta persona tan significativa; con esta persona tan persona, con este hombre tan hombre.»

Os sugiero que contemplando a Leví, que se levanta de su mesa de trabajo y luego invita a sus amigos a comer porque no quieren que se pierdan aquel encuentro, yo veo aquí a la persona de Marcos, que se siente atraído por el Señor y no quiere que sus amigos, cercanos y que viven cerca de él se pierdan esta relación.

Y quizá tú también estés sentado en la mesa de tu trabajo, en la mesa de tu vida cotidiana, como Leví, y te levantas y te dejas atraer por el Señor; por el Señor que te dice: «¡Ven y sígueme!». No te lo quedes para ti, sino hazlo extensivo a todos tus contemporáneos, con los que vives y trabajas. Posiblemente, en aquella mesa de publicanos y pecadores que acogieron esa invitación de Leví, quizá lo hiciera habitualmente. Pero, en el fondo, algunos se extrañaron también. «Pero… ¿qué le está pasando a Leví?». Algunos quizá no comprendieron; otros se sorprendieron, otros se fascinaron y otros quedaron impresionados. Sí, estas son las diferentes reacciones ante una persona que es atraída por el Señor, por el Maestro y ante uno que te dice: «Es que no os lo podéis perder».

Me parece muy interesante la indicación final. Pensemos que está también el círculo de los murmuradores fariseos que piensan: «Pero este, ¿de qué va?». Y preguntan a los apóstoles y discípulos, «¿cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? ¿Cómo es posible? ¿No ve que se está convirtiendo en un impuro al sentarse a la mesa con ellos?». Jesús, sin embargo, se da cuenta y nos recuerda por quién se ha encarnado: por los publicanos, pecadores, frágiles, por los vulnerables… Y por ti y por mí. ¡Nosotros somos de esta cofradía! Y el Señor ha venido para sentarse y compartir la vida con nosotros. Esta es la condición de Marcos. ¡Los cristianos no somos perfectos, sino necesitados! Y hemos descubierto esta condición de necesitados, porque necesitamos sentarnos a la mesa del afecto y de la ternura del Señor, que pasa por la compañía y el encuentro de los hermanos. ¡Qué bueno es descubrir que somos unos necesitados del Señor y de los hermanos! El Señor ha venido para curarnos, para abrazarnos y acariciar esta vulnerabilidad nuestra.

Termino con la primera lectura. Isaías nos pone ante una situación muy interesante: al final, cuando uno descubre a Leví, uno piensa: «Yo también me quiero levantar, quiero seguir al Señor y no quiero estar estático, en mi mesa. Yo quiero seguir al Señor. Quiero hacer partícipe a mis amigos de este encuentro. Uno descubre a Marcos y dice: «oye, pero… ¡cómo vives tú! ¿Cómo es que vives así? ¡Yo también quiero vivir así!». Y esto, ¿cómo lo haces? Te la tienes que jugar, te tienes que jugar la vida, tienes que mover ficha, así como dice Isaías en la primera lectura. Da un paso adelante, date a los demás, avanza, date a los hambrientos y necesitados. Y el Señor te iluminará y el Señor hará que las ruinas que te rodean tengan otro color. Pero no puedes permanecer sentado, ¡te la tienes que jugar y levantarte! Leví se levantó. Pensemos en cuando se habla del «sábado» y se lo describe como un tiempo para el Señor. Quizá tienes que renunciar a tus proyectos, a ser el centro de atención para decir: «quiero poner al Señor en el centro de mi vida». ¡Adelante, pruébalo! Atrévete y empieza. ¡Levántate!

¿Por qué has venido aquí hoy? La Iglesia nos ha puesto hoy delante a Leví; nos pone delante a Marcos para que marches de esta eucaristía con ganas de decirle: «aquí estoy y quiero jugármela por ti y quiero vivir contigo y quiero organizar más eventos para compartir contigo y con los míos». Es un gozo enorme haber encontrado al Señor en mi vida y me ha ensanchado el corazón.

Que así sea.

Tras la bendición final

Antes de deciros «podéis ir en paz», quisiera deciros algo personal. Algo que a mí también me sorprende. Es algo que me sorprende en el sentido que tengo que decir «¡qué fuerza tiene Marcos!». Mirad, unos días antes de ir a hablar con el Nuncio, que me propuso de parte del Santo Padre, ir a Barcelona [como obispo], escuché un audio de un testimonio de Marcos, que me invitó a escuchar Yago. Es un testimonio interesante, parte de este aparece también en el libro de Mi historia. Evidentemente el libro lo profundiza porque lo que cuenta es impresionate.

Al cabo de unos días, el Nuncio me propuso salir de Mallorca e ir a Barcelona como obispo auxiliar, pensé en Marcos en aquellos días de sorpresa y pensé: «este chico, cuyo libro he leído y cuyo testimonio he oído, que interceda por mí». Y yo no sé por qué… Seguramente, porque el Señor así lo quiso… Me encomendé a él: «tú que conoces Barcelona, acompáñame y ayúdame». El día de la ordenación episcopal, el 9 de septiembre de 2017, no sé por qué pero en el momento de la letanía de los santos, cuando estaba postrado junto al obispo Sergi Gordo, allá en la Sagrada Familia, me vino el recuerdo de Marcos. ¿Cómo es posible, qué tiene este chico, qué tiene Marcos y cuál es su secreto, que no es suyo sino del Señor, que hace que después de seis años estemos hoy aquí? Demos gracias a Dios y adelante con la misión de gratitud y de rogar por la Iglesia.